Es difícil entender
a la gente cuando no estás a su mismo nivel de embriaguez. Sentado en el 20B
del Vueling Barcelona-Sevilla, coincidí en mi asiento contiguo con un señor desaliñado
al que apenas entendía lo que decía. Yo trataba de poner todo el empeño, pero
perdía el hilo conductor y no era capaz de captar su mensaje lleno de
sabiduría. Criticaba con dureza la calidad de las aerolíneas, que siempre había
tenido muy mala suerte en la vida y que la juventud de hoy en día ya no vale
para nada. Yo sin decirle nada, le vomité encima y me dormí.
Al poco rato desperté ante la insistencia de la sobrecargo. Señor, hemos aterrizado hace casi una hora. Dos hombres me acompañaron entre empujones a la salida del avión. Camino a casa me puse a tratar de entender que había pasado. Quizás ese hombre no era ningún sabio, pero que gran verdad cuando dijo que las aerolíneas ya no son lo que eran.
Al poco rato desperté ante la insistencia de la sobrecargo. Señor, hemos aterrizado hace casi una hora. Dos hombres me acompañaron entre empujones a la salida del avión. Camino a casa me puse a tratar de entender que había pasado. Quizás ese hombre no era ningún sabio, pero que gran verdad cuando dijo que las aerolíneas ya no son lo que eran.
RL
Carreras
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