lunes, 15 de enero de 2018

Mi Carro






Ya habían pasado las ocho y media de la noche. El cansancio era evidente, pero el esfuerzo había merecido la pena. Tras dos arduas horas de consumismo en el Alcampo, había conseguido completar los elementos de la lista. La aventura termina con el paso por caja, cuantas bolsas quiere, efectivo o tarjeta y un gracias por venir. "Tarjeta"- dije yo. "El dinero físico solo da problemas." Jajaja todos reímos. Pero la risa se acabó pronto. La chica, que hasta entonces parecía de la casta, me pidió el DNI para corroborar que el poseedor y el titular de la tarjeta coincidían. Y así fue. No obstante, me comenta que tengo el DNI caducado. "Si, si soy un desastre." Ya no hubo tantas risas. "No se preocupe que mañana mismo lo renuevo". "No, es que con el DNI caducado no se puede pagar". El carro lleno me miraba preocupado. "Señorita (como diría mi paisano Abraham Mateo) creo que lo que no puede estar caducado es la tarjeta de crédito. El DNI solo sirve para que usted compruebe que yo soy el titular. Además, la tarjeta tiene un pin secreto de cuatro dígitos que solo yo conozco y si me deja intentarlo, se lo demuestro." "Lo siento, pero es política de empresa." Empecé a buscar a Juan y Medio con el ramo, pero no lo encontré. "Por favor, podría usted llamar al encargado. Tal vez él pueda entender la situación de otra manera." A los cinco minutos llega Jonathan. Cuando vi su nombre en la chapa del pecho se me hundió el mundo y mis peores presagios se confirmaron. Jonathan me dijo que no podía pagar y me recomendaba que fuera al cajero, sacara los 118 euros y pagara en efectivo. Desde entonces mi carro y yo supimos que aquello era el final. Por supuesto, me fui y nunca volví. Llegué a casa y me metí en la ducha sentado en el suelo tratando de entender que había pasado







                                                                                       RL Carreras

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